miércoles, 21 de mayo de 2008

Oposición y castrismo


Tania Díaz Castro

LA HABANA, Cuba, mayo (www.cubanet.org) - La obsesión más vieja que se conoce en Cuba es la que padece el gobierno castrista con los yankis. Data de una vieja carta enviada por Fidel Castro a su compañera de luchas políticas Celia Sánchez, y escrita en las montañas orientales el 5 de junio de 1958.

El verdadero destino del líder cubano era y es estar en contra de cada uno de los gobiernos que ha tenido Estados Unidos durante medio siglo. Nunca ha podido alejar de su mente esa idea morbosa que de manera constante irrumpe de forma imperativa e irreprimible en su conciencia y que por suerte no se ha extendido a la población.

¿Será esa la génesis del rechazo, mezcla de odio, rabia y aborrecimiento que siente el gobernante cubano ante cualquier movimiento opositor surgido en la isla durante su mandato?

La realidad nos da la razón. Por estos días, y a pesar de haberse firmado el Pacto Internacional de Derechos Humanos, el régimen castrista flagela de nuevo a los líderes del Movimiento de Derechos Humanos de Cuba. Anuncia vídeos de reuniones, llamadas telefónicas, correos electrónicos, todo un entramado que pretende servir de soporte al rechazo que hacen los dos hermanos en el poder a todo lo que huele a disidencia.

Se le reclama a la Unión Europea, compuesta por países libres y democráticos, una mayor cooperación con la segunda dictadura más vieja del planeta, tomando como pretexto la pobreza en que vive, pobreza que ha ocasionado una economía disparatada y obsoleta, dirigida por Fidel Castro, muy similar, o tal vez peor que la dramática situación que vive Haití y otros pueblos del Tercer Mundo.

La búsqueda de soluciones está al doblar de la esquina. Cuando en Cuba se libere la economía y los cubanos tengan derecho a participar de ella sin caer en ilegalidades aparecidas en un Código Penal atiborrado y absurdo, no necesitaremos de la Unión Europea ni de ningún gobierno estadounidense para desarrollarnos como Dios manda. Se abrirán las cárceles entonces y de ella saldrán todos aquellos hombres y mujeres que pretendieron, como en las comunidades primitivas, tener su propio intercambio de bienes materiales.