sábado, 10 de mayo de 2008

Hezbolá toma gran parte de Beirut


Beirut se ha convertido en un escenario de guerra abierta entre la milicia chií Hezbolá y el Gobierno prooccidental de Fuad Siniora. La escalada de violencia no se detiene y los leales a Hezbolá han ganado posiciones y se han hecho con el control de muchos de los principales barrios de la capital libanesa, bastiones pro gubermantales, hasta tomar posesión del último distrito musulmán, la zona de Tarek al Yadeedi, mayoritariamente suní. El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, ha hecho esta tarde un llamamiento a la "moderación", mientras que Washington ha reiterado su respaldo a Siniora.

El ataque de Hezbolá ha sido explosivo en las últimas horas. Los partidarios del Ejecutivo de Saad al Hariri habían iniciado negociaciones con Hezbolá para rendirse pero el grupo chií mantiene su ofensiva. Un grupo de hombres armados ha obligado a dejar de emitir a la cadena de televisión de afiliaciones gubernamentales, Future News, propiedad del líder de la mayoría parlamentaria libanesa Saad Hariri. Precisamente, en mitad de los combates, un proyectil ha impactado en la residencia de Hariri, donde el Ejército se encuentra para protegerlo, según testigos.

Los enfrentamientos, desencadenados el pasado miércoles durante una huelga laboral, se han cobrado la vida de al menos 11 personas mientras varias decenas han resultado heridas. Esta es la peor crisis interna desde la guerra civil que vivió el país entre 1975 y 1990 y ha despertado la preocupación en el mundo árabe, así como llamamientos a una solución pacífica de parte de la Unión Europea, Alemania y Francia.

Seguidores de ambos bandos se enfrentan a tiros y no dejan de oírse explosiones. El grupo chií ha cortado las carreteras al este y al sur y desde el miércoles permanecen cerrados el principal puerto de la ciudad y el aeropuerto.

Hezbolá considera que el Ejecutivo libanés ha tomado medidas encaminadas a desmantelar su sistema. Y su respuesta es contundente. Los milicianos aprovecharon los paros del miércoles para exacerbar su oposición con movilizaciones, bloqueo de carreteras y del aeropuerto, entre otras cosas, que se encendieron aún más durante la jornada del jueves tras el discurso de Hasán Nasralá, líder de Hezbolá, que amenazó al Ejecutivo de Siniora con una "guerra" si no revoca las decisiones que considera contrarias a la milicia. El avance de los milicianos es una clara demostración de que todas las sectas (cristianos, suníes, chiíes y drusos) se han rearmado.

En tanto, el líder cristiano Samir Geagea, dirigente de las Fuerzas Libanesas ha denunciado que lo sucedido en Beirut es "un golpe de Estado".

"Frente a la ilegitimidad del golpe contra la Constitución, se requiere que el Ejército cumpla con su deber de proteger a los ciudadanos y sus propiedades", ha dicho Geagea al leer un comunicado, tras una reunión de urgencia de las Fuerzas del 14 de Marzo, coalición antisiria integrada por la mayoría parlamentaria libanesa.

La vía política también ha fracasado. La oposición rechazó anoche una propuesta del diputado Saad Hariri para salir de la crisis. Hariri pidió reconsiderar la decisión del Ejecutivo relativa a desmontar la red de telecomunicaciones del Hezbolá. Los opositores sólo aceptan, sin cambios, la revocación total de las medidas que exige Nasralá. Por su parte, el Ejército, que trata de mantenerse neutral, ha advertido de que la situación amenaza su unidad. La fragmentación del Ejército en bandos sectarios en 1976 fue un momento clave en la caída de Líbano en manos de milicias. Arabia Saudí ha reclamado una reunión de emergencia de ministros árabes de Asuntos Exteriores para tratar la crisis y el Consejo de Seguridad de la ONU ha pedido “calma y contención” a las partes y que regresen a la mesa de diálogo.